los tejados uvelven a sonar como en los tiempos memorables de sol de invierno y primavera...
hagamos que sigan sonando y brillando... todo está en los gatos que suben a ellos...
El viaje gatuno fue de los mejores, exquisitos sabores subieron al alma... de revolqué sobre ellos y recordé el aroma del pasto invernal que casi habíamos olvidado... no fue así solo se esfumó en una mirada pérdida por la brisa mañanera.
Tener una noche gatua es por decir lo menos, dulce y deliciosa, no creo pueda estar sin una de ellas en lo que queda... tienes aún ese exquisito dulzor que mantengo en mi boca...
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